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Campos mórficos

Sentir que alguien te mira, pensar en un familiar justo antes de que llame. Todo esto tiene una explicación, y se llama campos mórficos.

Gato con ojos verdes y un collar verde que representa la magia de los campos mórficos
Gato con ojos verdes y un collar verde que representa la magia de los campos mórficos
Una persona radiografiada con un campo magnético alrededor y otro más pequeño centrado en el corazón
Cuatro homigas encima de una hoja trabajando juntas para transportar una miga de pan

En experimentos entre madres e hijos es muy fácil encontrar la presencia de estos campos. Por ejemplo, investigadores de distintas universidades han separado tanto a crías de ratón como a chimpancés de sus madres, y han podido comprobar, midiendo las respuestas fisiológicas de ambos, que las madres experimentan variaciones incluso de su ritmo cardíaco cuando las crías se ven sometidas a un alto estrés. Aunque estén alejadas por un tiempo y no tengan contacto visual.

A lo largo de la historia son muchos los pensadores, filósofos y buscadores de conocimiento en general los que se han dado cuenta de que algo había que era capaz de unificarlo todo, algo que nos era común, una corriente de información que bañaba a cada ser… Esto se basaba en la experiencia, como la que todos hemos podido contemplar en algún momento, y, por ejemplo, en la simple observación de sucesos que ocurrían al unísono; por citar algunos de los más grandes: la aparición de la escritura alrededor del 3200 aC tanto en Mesopotamia como en Egipto, el cálculo, desarrollado prácticamente al unísono y sin comunicación previa por Newton en Inglaterra y Leibniz en Alemania, la Teoría de la Evolución desarrollada casi a la vez por Darwin y Wallace, etc. Numerosas pruebas realizadas que ahora podemos analizar, como he hecho yo, desde esta perspectiva, demuestran la existencia de los campos mórficos, pero lo que resulta más impactante, por lo que implica y la cantidad de cuestiones que abre al mundo de la filosofía, la conducta y el entendimiento de la realidad, son los descubrimientos que ha hecho Sheldrake en organismos inertes y en los procesos físicos. ¿Puede pensar algo que no está vivo? Veámoslo.

Después de un seminario en la Universidad de Vermont donde Sheldrake explicó que cuando una sustancia química se cristaliza por primera vez, la forma de sus cristales ejercerá, por resonancia mórfica, una influencia sobre los cristales
posteriores como evidencia tangible de la influencia de estos campos en los procesos físicos. Al escucharle, un químico le sugirió que debería ocurrir algo parecido con los puntos de fusión de los elementos. Esto sorprendió a toda la sala, porque los puntos de fusión se consideran constantes físicas. Por ejemplo, el hielo, mientras no haya variables muy alteradas como la presión o muchas impurezas, su temperatura de fusión siempre va a ser de 0°C. Pero en la cabeza de Sheldrake podía tener sentido, y decidió ponerse a investigar. Primero preguntó a otros científicos que se dedicaban a esto, y le confirmaron que sí; en el caso de algunas sustancias la temperatura de fusión subía gradualmente a medida que trabajaban con ella, pero que esto se debía a que los trabajadores cada vez eran mejores y conseguían muestras con menos impurezas. Lo que podría tener sentido si se viera en todos los casos, pero en las sustancias que llevan fusionándose desde hace millones de años no ocurre, y es que estas, por decirlo de alguna manera, ya no pueden «mejorar» más.

Fractal representado con colores diversos hechos con acuarela simulando el desarrollo de campos mórficos

Sheldrake se dedicó a recopilar información de manuales y revistas científicas de principios del siglo XX y a compararlas con los datos recopilados más actuales, y aquel científico de Vermont tenía razón, la resonancia mórfica era evidente. Por ejemplo, la adrenalina, aislada por primera vez en 1895, tenía un punto de fusión de 201 °C y en 1985 era de 215 °C. La aspirina había pasado de 134 °C en 1914 a 142 °C en 1996. Sin embargo, la salicina, que se encuentra en la corteza de los sauces y otras plantas, se ha mantenido constante por llevar tantos y tantos años fusionándose.

Vamos a lo realmente importante, ¿qué significa esto para nosotros en el día a día? Los campos mórficos y la resonancia mórfica implican que las personas estamos influídas por lo que los demás hacen, dicen, piensan y experimentan. Es decir, que las mentes no están confinadas a la privacidad de nuestros cráneos, sino que el pensamiento es global y todos tenemos acceso a él. Está claro que hay una individualidad que pasa por nuestra propia aportación, un rumiar y un procesamiento que hace que sea nuestra propia voz la que escuchamos en la cabeza, pero esto no anula lo anterior. Uno de los experimentos que no he matizado por su dureza y su falta de ética, es el de unas ratas a las que destrozaban porcentajes variables del cerebro con el fin de comprobar si su memoria seguía intacta, y en efecto, así era, ¿dónde reside la memoria pues?

Ya que podemos, sin ser conscientes, influir en los demás con nuestros pensamientos y nuestras acciones, tenemos una responsabilidad mayor, y es que nuestro impacto en el resto de la humanidad es muy superior del que podríamos imaginar antes de conocer esto. Podemos hacer mucho más de lo que creemos por nosotros y por el resto de la gente, y esto, sin duda, una vez lo sabes se convierte en una oportunidad magnífica y aporta una visión mucho más esperanzadora que la individualidad, porque no solo podemos ayudarnos a nosotros mismos, sino que con nuestras acciones influimos en los demás, así que mejor dar nuestra mejor versión y andar con cuidado, porque los pensamientos negativos que tenemos, muchas veces, tienen más impacto del que parece.

Este artículo se publicó originalmente en Lo Desconocido, diciembre de 2022. Ver la publicación

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