¿Qué somos? Respuesta a la gran pregunta
Una de las preguntas fundamentales, y una de las respuestas más probables y más tristes: que vivamos en una simulación.

La pregunta de «¿qué somos?» es una de las preguntas fundamentales. Ha sido objeto de discusión y debate durante milenios, y aún hoy sigue siendo de vital importancia para las personas en su instinto de comprender su propia naturaleza. Según el punto de vista y la formación, se dan una ingente cantidad de posibles respuestas a esta pregunta existencial. En una charla con miembros del equipo de Lo Desconocido, por diversión, comenté una de las más probables estadísticamente hablando y más tristes por lo que implica filosóficamente, pero que a la vez más sorprendió. Y es la gran posibilidad que hay de que vivamos en una simulación. Lo cuento rápidamente antes de ofrecer los pasos científicos a seguir para encontrar la respuesta a esta pregunta existencial.
En un artículo de 2003 llamado ¿Estás viviendo en una simulación?, el filósofo Nick Bostrom argumenta que solo cumpliéndose unas ciertas condiciones, casi con total seguridad estaríamos viviendo en una simulación. Resumiéndolas mucho:
—La humanidad se desarrolla lo suficiente como para crear una simulación de la realidad.
—Las civilizaciones posteriores tienen interés real en crear simulaciones, siendo probable que lo hicieran a gran escala, es decir, más de una vez.
Y ahora bien, teniendo en cuenta esto, ¿qué sería más probable, que fuéramos una de esas copias exponenciales o que estemos en la original?

Pero hoy quiero proponer otra menos desoladora, ¿y si somos parte de un ser vivo? Para empezar habría que encontrar algo que como humanos nos uniera, algo que nos pudiera convertir en un solo organismo.
Fácil, por un lado, en 1895, el sociólogo Émile Durkheim introduce el concepto de «conciencia colectiva» en su libro Las
reglas del método sociológico, siendo este el resultado de la interacción social y las prácticas culturales compartidas, algo que, por ejemplo, Hegel, respaldaba considerando la conciencia colectiva como la base del Estado moderno. Por otro lado, el psiquiatra Carl Jung se interesó mucho durante su obra por el concepto de «inconsciente colectivo», como una especie de memoria de la experiencia humana compartida, transmitida a través de símbolos y arquetipos; patrones universales presentes en todas las culturas, que podemos ver en el arte, las religiones, los sueños o la imaginación, sin que hayan compartido nada más que la existencia.
El segundo paso para que la posibilidad de formar parte de un ser vivo existiera, sería ver si nuestras partes —lo que a nosotros nos forma— podrían funcionar también de forma independiente. Para eso tenemos los estudios de la bióloga Lynn Margulis sobre la «conciencia bacteriana». Según estos estudios, las bacterias son capaces de comunicarse entre sí, cooperar y tomar decisiones en grupo. De hecho, un estudio publicado en Trends in Microbiology sugiere que las bacterias utilizan un lenguaje químico para comunicarse entre ellas, y otro estudio de la Universidad de California defiende que las bacterias pueden recordar su entorno. Cierta parte de la comunidad científica se resiste a admitir esto, alegando que la conciencia es solo propia de organismos con un cerebro complejo y sistema nervioso, postura que liquidaremos rápido invocando al libro de António Damásio, El error de Descartes.
Y ahora es cuando tiramos hacia arriba y alcanzamos la conclusión final, ya puestos, vamos con todo. ¿Hay algo que nos pueda hacer pensar que formamos parte de un organismo «superior»?
Es muy popular la teoría propuesta por el científico James Lovelock conocida como «Gaia», manifestándose a través de la autorregulación y la homeostasis planetaria. ¿Y qué pasa con el universo pues? Que desde el inicio tenemos una teoría conocida como «organismo cosmológico», defendida desde Platón y Aristóteles hasta por los filósofos contemporáneos. Y por otro lado tenemos el «holismo», un término acuñado por Jan Smuts en Holismo y Evolución que se aplica tanto en medicina, como en psicología, política o biología, y sugiere que todas las partes en el universo están interconectadas y forman parte de un todo más grande.
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David Barberá
