Una ética universal
Una sociedad cada vez más dividida tiene solución, y no depende de ninguna cultura ni religión: depende de la inteligencia.

Basta ver las noticias para darse cuenta de que la sociedad está cada vez más dividida. Ya desde la selección del canal empieza el primer conflicto. Una vuelta por las redes sociales, una visita a un colegio o instituto y vuelve a ser usted testigo de lo que hablo. Las tomas de decisiones son cada vez más cuestionables, la «salud mental» está presente en cada tendencia y, en el momento en el que la humanidad goza de su mejor situación en cuanto a desarrollo y calidad de vida, más desdichada se siente. Esto no lo digo yo, esto lo llevan avisando filósofos y sociólogos desde hace años; y no solo tiene su explicación, sino que además voy a dar una solución: la solución.
Al ir volviéndose laica la sociedad, hay inevitablemente, en un desarrollo que siempre ha ido de la mano de la religión, una caída de la moral y de la escala de valores. Y esto es, en palabras de Hans Küng: «Imprescindible para la supervivencia del mundo». La civilización que ha funcionado, siempre ha sido por una adhesión personal, por una convicción de lo correcto y lo incorrecto. Cuando esto es sustituido por una coerción exterior, somos testigos de lo que se ve actualmente; un retorno de las manifestaciones más irracionales de las personas: el fundamentalismo, el fanatismo, la intolerancia, el maltrato de la naturaleza, etc. Porque cuando hay una fluctuación, una degeneración o una caída de las ideologías interiores, al ser imprescindibles para la supervivencia, el hueco que ocupaban se ve rellanado, automáticamente, por estos «movimientos» —sus contrarios—, que le dan a una persona la identidad necesaria y la respuesta a cómo es el mundo desde ese instante. Y junto a estos movimientos viene la consideración de que sus ideas no son solo válidas para ellos, sino que son también válidas para las demás. Es así como se introduce, automáticamente, el conflicto.

Por ir concluyendo y porque la filosofía es parsimonia, iré a la solución que tiene todo esto. En un mundo cada vez más dividido y a la vez global, necesitamos una ética universal. A priori parece algo imposible, porque mucha gente confunde la ética con la moral, con los valores, que si son lo mismo o son lo contrario o dependen unos de otros, que cada cultura debe tener las suyas, cada religión o cada sociedad. Pues no. Resulta que hay una cualidad que es común a todos nosotros, a cada persona de este planeta, y es la inteligencia. Y esta es una magnífica noticia, porque la ética es la mejor solución que se le ha ocurrido a la inteligencia para resolver unos pocos problemas con los que nos topamos a diario. Por citar algunos:
-¿Cómo valoro mi vida?
-¿Cómo valoro la vida de los demás?
-¿Cómo valoro el sexo?
-¿Cómo valoro la educación?
-¿Cómo valoro a los extranjeros?
-¿Cómo valoro la propiedad privada?
-¿Cómo valoro la distribución?
Por lo que se puede hacer una ética universal es porque se puede justificar de forma razonable la mejor solución para responder a estas preguntas, y lo bueno de que dependan de la inteligencia es que la respuesta es la misma para mí que para alguien que vive en la otra parte del mundo; pero caso a caso, punto por punto, viendo por qué es mejor esto que lo otro, y siendo conscientes de que la ética es una ciencia inductiva y no deductiva. Hace falta una tarea cuidadosa y depende de cada uno de nosotros, otra gran noticia, no depende de nadie más. Tiempo de reflexión.
Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.
— Mahatma Gandhi
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