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El placer y la felicidad

Dopamina y serotonina, Platón y Aristóteles: la diferencia que decide tu salud mental.

Dibujo de Aristóteles simulando pinturas a pincel
Dulces, gominolas, bollería y comida alta en calorías distribuidas por un fondo oscuro que representan el placer inmediato

Es muy común ver, sobre todo en redes sociales, que es donde curiosamente más se habla de sentimientos, comentarios tipo: «Me acabo de comer una pizza entera, qué feliz soy», «Este fin de semana, series y manta, la felicidad», «Oh, qué feliz soy, mañana no madrugo». SPOILER: no es casualidad que estas mismas personas también publiquen
todo lo contrario, transmitiendo su desdicha, como si vivieran en una montaña rusa emocional. Pues aunque parezca que no, el problema principal reside ahí, en la diferencia entre placer y felicidad.

Decía Platón que todo deseo era una expresión de una carencia (irrefutable, el que quiere pelo con seguridad es calvo), y por ende, los afrodisiai (apetitos carnales) como copular, beber o comer, eran miserables, y que lo único que nos permitía vivir dignamente era cultivar el saber.

Un poco dramático para mi gusto. Gracias a Dios luego vino Aristóteles y dijo que para nada eran cosas incompatibles. Que se podía comer, no como un glotón, sino como un gastrónomo; beber, no como un alcohólico, sino como un catador; y copular, con el mayor arte e imaginación, porque también eran formas de cultivar el saber, y además, nos distinguía de las bestias y de las formas más incivilizadas de la humanidad.

Dibujo de Aristóteles simulando pinturas a pincel

Este artículo se publicó originalmente en Lo Desconocido, febrero de 2023. Ver la publicación

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