Necesitamos un cambio
La ciencia ha sustituido a la religión y la damos por terminada. Una propuesta: la filociencia.

Para que puedan entender todo en su conjunto, me gustaría empezar explicando cómo surge Lo Desconocido. En primer lugar, su nombre viene de un planteamiento filosófico en el que concluí que «desconocido» implica «que se puede conocer». Y en segundo lugar, por el impulso que siempre me ha acompañado de mantener viva la llama de la pasión por aprender cosas nuevas, del entusiasmo, del interés y de la curiosidad. Mantener esa llama no solo en mí, sino también en todo el equipo que hace posible que estos proyectos salgan adelante, en el lector de esta revista y en el oyente del podcast, una forma de contagiarnos unos a otros, de compartir ese fuego que hace que aún quede algo de luz. Porque estamos en las primeras páginas del tercer milenio, y habiendo leído la introducción, las páginas en blanco que esperan a ser escritas apabullan desde el miedo, la inseguridad y el desánimo; en un momento en el que el ser humano vacila como ante un abismo, considero que depende de cada uno de nosotros que sobrevivamos para poder llegar al cuarto.
Y eso es lo que serán estos artículos, consciente de que la maquinaria que mueve los hilos se ha hipertrofiado en aras de la estupidez, gritos hacia el abismo con la esperanza de que su eco resuene en una sola persona y pueda cambiar el rumbo.

La idea del nombre que acompañará mi sección en esta revista me la ha dado este mismo número, concretamente la entrevista a Pedro Amorós y el artículo de la escritora Lorena Escobar. En ellos se ve, claramente, uno de los problemas que nos asolan.
Su nombre hace referencia y homenajea al racionalismo nacido en el s. XVII y a uno de sus progenitores, Descartes, con su famoso «Cogito ergo sum», pero ampliando su espectro, lo que precisamente quiero hacer con este primer «grito».
Y es que necesitamos un cambio de mitología. Estamos en un momento en el que la ciencia ha sustituido a la religión, y por esa tendencia natural humana a la arrogancia, la tenemos como algo prácticamente terminado, como la «concepción finalista» que orienta la realidad entera hacia un punto dador de sentido último, pretendiendo comprimir en una frase la ley de todas las cosas, con la pretensión de que es la naturaleza la que nos obedece a nosotros, creyendo que porque fabricamos móviles y lanzamos satélites, hemos entendido el universo. Nada existe si no se puede pesar o medir, si no se ciñe al método científico. En definitiva, nada existe si no se «demuestra científicamente», que en ocasiones es como pretender explicar el ajedrez con una partida de póker. Les aseguro que la realidad es mucho más amplia de lo que abarcan nuestros límites científicos y racionales, pues la parte nunca puede explicar el todo.

¿Dónde quedan el amor, el odio y las emociones? ¿No existen? ¿Y las experiencias de turbación, el poder de lo real, el duelo, la muerte, la despedida? ¿Y la atracción? ¿Y las premoniciones, las psicofonías y las visiones? ¿Y la intuición? Basta leer la epistemología de Popper para ver que el elemento irracional de la intuición es la base de todo el saber científico.
Para el cambio no propongo volver a la religión ni ningún rollo místico. Propongo un concepto que le escuché a José Saramago, que es «filociencia», algo que permita que podamos seguir mandando cohetes a Marte, al mismo tiempo que reviva esa carencia de reflexión actual. Algo que nos lleve a entender mejor quiénes somos y dónde estamos, algo que nos permita comprender, de una vez, qué narices estamos diciendo cuando le decimos a alguien «te amo».
La mente intuitiva es un regalo sagrado, y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se olvida del regalo.
— Albert Einstein
¿Te ha hecho pensar?
Suscríbete y recibe reflexiones que no publico en ningún otro sitio.
Sigue leyendo

Campos mórficos, la teoría que lo explica todo
Rupert Sheldrake propone que existen campos que recogen y organizan la información. Si tiene razón, nuestra mente no termina en el cráneo.

¿Qué es la libertad?
Todos pedimos libertad; la exigimos incluso. Pero ¿qué es? ¿Puede definirse? Y cuidado con el peligro de no saberlo.

La dictadura del miedo
El miedo nos ha protegido durante milenios. Ahora es la herramienta perfecta para gobernarnos.
David Barberá
