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¿Existe la vida extraterrestre?

Con 10²² estrellas, parece evidente que no estamos solos. Pongamos los datos sobre la mesa.

Una persona mirando el cielo nocturno en el que se muestra una galaxia lejana
Una persona mirando el cielo nocturno en el que se muestra una galaxia lejana

Tras los últimos capítulos en el podcast de Lo Desconocido, me veo en la obligación de contradecir una idea muy extendida en la sociedad y muy «utilizada» por gran parte de la comunidad científica. ¿Por qué no? Hemos venido a jugar.

Es común pensar que en el universo, tal y como lo conocemos, con sus 10²² estrellas, lo más probable es que haya más vida inteligente que la nuestra. Este razonamiento es empleado por algunos científicos y algunas personas para ridiculizar el fenómeno OVNI y, a su vez, no posicionarse con una postura tajante. Es su salvavidas estadístico, no nos han visitado, no nos visitan, es una invención, pero tampoco se pillan los dedos: existir, existe.

Pues bien, ¿realmente es tan probable que haya vida inteligente? Antes de meterme en faena, aviso de que este tema es tan complejo que cada punto mencionado en este artículo podría desarrollarse como para llenar un libro, pero no quiero ocupar más espacio del debido y quitar protagonismo a mis compañeros.

De hecho, voy a tener que dividirlo en dos partes. En esta primera parte, vamos a hacer un repaso de algunas de las cosas que tuvieron que pasar para que existamos nosotros, siempre según la versión oficial y los datos que «ellos» mismos manejan, y en la siguiente hablaremos de lo «probable» que es que surja vida. Así que vamos allá.

El planeta Tierra en fases de formación suspendido en medio de un espacio con galaxias
Fases de formación de la Luna, en la primera un gran asteroide impacta contra una Tierra en formación, en la segunda se realiza el impacto, en la tercera se juntan los fragmentos y en la cuarta y última se ve la Tierra y la Luna

Si un planeta choca contra otro algo más grande a la distancia justa entre el centro y el borde, arrancará una parte del planeta enviando detritos a un disco que rodeará al otro más grande. Este disco se ira gradualmente acumulando hasta formar un satélite. Esta es la teoría más sólida para la creación de nuestra Luna.

Y sí, por seguir sumando anomalías estadísticas, la Luna ha jugado un papel fundamental en nuestra existencia. Estabilizó la rotación de la Tierra, generó las mareas que contribuyeron a que los animales marinos se adaptaran a vivir fuera del agua, evitó noches opacas, etc. Aún mejor, si cabe, para este artículo, es el hecho de que es muy raro que haya un planeta con una sola luna tan grande. Podríamos tener dos, como Marte, o ninguna, o una que girara en otra dirección, lo que habría cambiado por completo el devenir de la Tierra o que estuviera a otra distancia… cualquier otra.

Por cierto, esto me recuerda el tema del agua. Parece ser que este impacto dejó prácticamente sin agua a nuestro planeta. Tuvo que llegar posteriormente por la caída de cometas, aunque es un tema algo polémico. La cuestión es que el agua es fundamental para el desarrollo de la vida, pero además, está en su justa proporción, porque también tenemos grandes extensiones de tierra emergida. ¿Podría haber vida evolucionada con agua y sin tierra? Parece difícil pensar que pudiera desarrollarse tecnología y herramientas complejas con las condiciones biológicas que proporciona el agua teniendo en cuenta, entre otras cosas, su corrosión en los materiales.

Una imagen con células primigenias distribuidas mostrando las primeras células de vida

Bien, demos un pequeño salto. Y por fin, surgió la vida. ¿Pero vida compleja? Aún no, al menos lo que entendemos como compleja, porque compleja es toda.

¿Recuerdas la edad de la Tierra? Pues cuando surgieron las primeras células la vida tuvo que pasar lo que se llama «fase de incubación», que duró más de 3.000 millones de años; una fase lenta, costosa y extremadamente improbable que, por otro lado, resulta fundamental e inevitable para los expertos en la creación de organismos pluricelulares. El papel de estos microorganismos y bacterias ha sido, y es, fundamental para el desarrollo de los humanos. Desde aquellos que pudieron desarrollar una tolerancia al O2 resultado de la fotosíntesis —recordemos que el oxígeno era veneno para los primeros microorganismos—, hasta los microbios fotosintetizadores que oxidaron el hierro ferroso. Por mencionar un par aleatoriamente.

Y durante este periodo de 3.000 millones de años sucedió otro gran milagro. Un milagro que nos proporcionó las células de las que estamos compuestos, cuando, grosso modo, una célula empezó a vivir dentro de otra, algo conocido como «endosimbiosis». No vamos a entrar en esto, ni en cómo las células han tenido que ir dividiéndose el trabajo de un organismo más complejo y especializándose en funciones como la nutrición o la reproducción. Además de que no es mi campo, tendríamos que llenar unos cuantos folios con todo el contenido. Daremos otro salto hasta los organismos más complejos y trataremos algo fundamental para nuestro desarrollo.

Un dinosaurio entre la maleza de una selva

Los organismos pluricelulares no tienen por qué desarrollar partes duras, pero se cree que los trilobites desarrollaron los ojos, lo que les permitió cazar; y las únicas especies que pudieron sobrevivir a esto, son las que desarrollaron partes de protección. Y vamos a aprovechar que estamos hablando de depredadores para dar un último gran salto —porque todo esto es tremendamente complejo— en el que la vida se ha ido desarrollando y desarrollando. Evolucionando y adaptándose.

Miles de millones de años de estos procesos y, al fin, desarrollamos la inteligencia y la conciencia humana. ¿Cierto? Pues siento decir que no. Hace unos 200 millones de años los animales que predominaban en la Tierra eran los dinosaurios, haciendo que los mamíferos no pudieran crecer ni desarrollarse.

La extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años, fue clave para la existencia de los humanos. ¿Y qué tuvo que
pasar para que se extinguieran? Pues este fue el resultado de un meteorito de 200 km de diámetro, pero ni siquiera esto fue suficiente, y tuvo que coincidir con enormes erupciones volcánicas de los basaltos del Deccan. Convirtiendo la extinción de los dinosaurios en la QUINTA extinción masiva de la historia de la Tierra. Quinta.

Pero bueno, un meteorito, no es tan raro, ¿verdad? Pues bien, dejaré que juzgues por ti mismo. Walter Álvarez, el hombre que descubrió el cráter de dicho meteorito, explica muy bien las probabilidades de esto con un ejercicio práctico: «Trace un círculo con el pulgar y el índice de su mano izquierda para representar la órbita de la Tierra alrededor del Sol, que sería un punto imaginario en el centro. Conecte dicho círculo con otro trazo mediante su pulgar e índice derechos, que representará la órbita del asteroide asesino. Ahora imagine que el círculo de la mano izquierda cambia hasta tener el grosor de un filamento de 1/100 del diámetro de un cabello humano, y que los de la derecha se reducen a un filamento 1000 veces más delgado todavía. Solo si estos pelos pasan uno dentro del otro, hay alguna probabilidad de impacto, y puesto que se mueven, solo existiría durante un periodo muy corto de tiempo».

Probable, lo que se dice probable… No parece, desde luego.
Y bien, hasta aquí el brevísimo repaso a la historia de cómo ha acabado siendo posible el desarrollo de vida inteligente en la Tierra. Sin entrar en la historia primate y humana, que podríamos desde habernos quedado estancados en la evolución hasta habernos extinguido unas cuantas veces.
¿Qué te parece como salvavidas estadístico? ¿Sigues pensando que la vida inteligente ahí fuera es tan probable?

Lee la segunda parte de este artículo donde hablaremos de las probabilidades que existen de que surja vida.

Este artículo se publicó originalmente en Lo Desconocido, mayo de 2023. Ver la publicación

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