¿Qué somos? Una teoría sobre la mente del universo
Que el ser humano forme parte de una mente mayor gana fuerza en ciertos sectores de la ciencia. La idea es mucho más antigua de lo que parece.

Hace algunos artículos planteé la posibilidad de que nuestro universo fuera un ser vivo, y lo argumenté con teorías basadas en considerar a los elementos que lo forman también como un ser vivo en su conjunto. Por ejemplo, la humanidad como un único ser o las células que nos forman como seres con conciencia propia. Y hablé de otro en el que ni siquiera Newton pudo demostrar cómo se mantenía nuestro Sistema Solar en funcionamiento. Ya saben ustedes que me gusta utilizar estos artículos para hacerles pensar, plantear distintas cuestiones… Así que, hoy vamos a elevar la apuesta, ¿qué le parece si planteamos que, en realidad, todos nosotros formamos parte de un cerebro?
Por descabellada que pueda parecer esta premisa, que el ser humano es parte de un cerebro o una mente mayor, está ganando fuerza en ciertos sectores de la comunidad científica. Es considerado como algo revolucionario actualmente, pero déjeme decirle que, en realidad, no lo es. Como he dicho en varias ocasiones durante estos artículos, nuestro pensamiento no ha cambiado nada desde la Grecia clásica, y por lo tanto, nuestras conclusiones y observaciones, aunque puedan distar unos de otros, siguen siendo las mismas. Recuerde que aunque se estudien algunos filósofos más reconocidos, hubieron otros contemporáneos a estos que también opinaban muy distinto, y merecen tenerlos en consideración.

Fue alrededor del siglo V a. C. cuando el filósofo Anaxágoras compartió sus observaciones sobre el universo. Su idea fue que en el inicio de los tiempos, todo estaba mezclado en una especie de sopa primordial, y luego el nous —mente o pensamiento en este caso—, actuó sobre este caos inicial y separó los elementos organizando, así, la realidad. Esta idea fue una contribución muy significativa en la historia del pensamiento filosófico y científico. De hecho, el concepto nous fue bien manido en la Grecia clásica, y filósofos posteriores como, por ejemplo, Platón, han trabajado mucho sobre esta idea de una mente que estructura el universo.
Avancemos hasta el día de hoy y veamos cómo esta idea gana terreno en la comunidad científica. Resulta que en 2020, el físico teórico Vitaly Vanchurin de la Universidad de Minesota, publicó un artículo llamado El mundo como una red neuronal, en el que, a grandes rasgos, afirma que podemos utilizar la idea de una red neuronal como modelo del universo. «En este trabajo, considero otra posibilidad: que una red neuronal microscópica sea la estructura fundamental, y que todo lo demás, es decir, la mecánica cuántica, la relatividad general y los observadores macroscópicos, surjan de ella».
Aquí está lo «realmente» transgresor. En la comunidad científica, una de las cosas que no termina de encajar para entender la estructura del universo es la barrera que parece separar la física cuántica de la física clásica, y esto, a través de varias formulaciones e ideas en las que no vamos a profundizar aquí, es lo que parece solventar muy bien Vanchurin en su artículo. Básicamente, que un fenómeno cuántico en un extremo del espectro se ve afectado por otro en el otro extremo: «Vivimos en una red neuronal», afirma.
Sin duda, esto puede resultar chocante, y no es para menos, desde la concepción de la idea hasta la valentía de la afirmación, por no hablar de los cambios que supondría para nuestro entendimiento, que eso lo dejo como reto individual para que lo reflexione usted. Pero AÚN HAY MÁS.
En 2022, la física teórica Sabine Hossenfelder publicó en la revista Time un artículo titulado Tal vez el universo piensa. Escúchame. En él describe las similitudes que hay entre la organización física del universo y la estructura de nuestro cerebro y el sistema nervioso. Una de las cosas que argumenta es que las millones de galaxias que hay, se agrupan en cúmulos conectados entre sí a través de «filamentos galácticos». A priori, si visualizamos mentalmente el universo y lo comparamos con una red neuronal, podríamos pensar que hay partes del universo que es imposible que estén conectadas entre sí porque hay millones de años luz de distancia entre unas y otras…

Pero en realidad, esto no es así. El experimento predicho por Einstein, Podolsky y Rosen llamado «Paradoja EPR», ya demostró, y a grandes rasgos se pudo comprobar, que dos partículas que en el pasado hubieran interactuado entre ellas quedaban en un estado de entrelazamiento, y los cambios que se aplicaran a una, se podían ver en la otra al mismo tiempo, independientemente de la distancia que las separara, lo que se conoció como «entrelazamiento cuántico».
«Por loca que parezca, la idea de que el universo es inteligente es compatible con todo lo que sabemos hasta ahora», dijo Sabine Hossenfelder.
Y lo es. En 2021 un grupo formado por siete científicos y teóricos, entre los que se encuentran Lee Smolin y Stephon Alexander presentaron un paper llamado El universo autodidacta, en el que defienden que el universo «aprende sus propias leyes físicas»:
«Descubrimos mapas que ponen cado uno de estos modelos de matriz en correspondencia tanto con una teoría de calibre/gravedad como con un modelo matemático de una máquina de aprendizaje, como una red neuronal cíclica, profunda y recurrente. Esto establece una correspondencia entre cada solución de la teoría física y una ejecución de una red neuronal».
Es decir, que igual que entendemos que nuestra red neuroanl aprende sin supervisión, por sí misma, podemos decir lo mismo del universo.
Así que, que formamos parte de un ser vivo, como dije, no es tan descabellado, y eso cambiaría tanto nuestra forma de entender la realidad que nuestro comportamiento daría un vuelco radical, y teorías como los campos mórficos se impondrían al individualismo reinante. Ya sabe, hay que ser optimista. Aunque, personalmente, considero que la popularidad que ahora está ganando todo este asunto se debe a que, de un plumazo, da explicación a muchas faltas de comprensión que tenemos en muchas áreas de la realidad. Pero no es momento de meterse ahí. Igual que Newton no pudo hallar solución para el Problema de los tres cuerpos, ahora dicen que es que «aprende solo», por no reconocer que los que no aprendemos, somos nosotros.
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